jueves, 29 de noviembre de 2012

Iaioflautas. Crónica de una ocupación

El pasado 14-N durante la Huelga General, tuve el privilegio de compartir con los iaioflautas la ocupación de una oficina del BBVA en Barcelona.

En primera instancia entramos ocho iaioflautas, un par de periodistas, Javier(Javi fue despedido ese día por ejercer su derecho a la huelga) y un servidor. Tras la tensión inicial con el guardia de seguridad, los iaioflautas impusieron amablemente la calma mientras se enfundaban en sus chalecos amarillos. El director de la oficina nos recibió con fastidio pero sin aparente hostilidad. El grupo de apoyo se acercó a la puerta a presionar, el personal del banco se puso nervioso y, el iaioflauta Miguel Tomás zanjo la bulla megáfono en mano pidiendo a la gente del exterior tranquilidad, que ya se estaba negociando y que por favor despejaran la entrada. Accedieron entonces al interior de la oficina dos compañeros de la PAHy 1/2 docena de periodistas. Los iaioflautas leyeron su comunicado, después algunos periodistas se marcharon.
Se continuaba negociando, todo estaba tranquilo hasta que el vigilante cerró la puerta con llave dejándonos encerrados. Otra vez tensión. Le exigimos que abriese la puerta inmediatamente si no quería buscarse un problema serio «Esto es un secuestro» le dijeron los iaioflautas. El director de la oficina le ordenó que abriese la puerta y así lo hizo inmediatamente. Volvió la calma.

No se cuanto tiempo permanecimos dentro, quizá algo más de 2 horas. La verdad es que se me hizo un poco largo, por un momento llegué a pensar que acabaríamos todos detenidos (Huelga General, muchísima presencia policial y todos sabemos que los mossos le tienen muchas ganas a los iaios, pues estos los han dejado en jake en más de una ocasión).
En paralelo a esta acción, otro grupo de iaioflautas habían ocupado otra oficina del BBVA en Mataró. O se paraba el desahucio o de allí no nos movía nadie.
Finalmente se logró el objetivo; se consiguió abortar indefinidamente el desahucio de un matrimonio de invidentes en paro con dos hijos pequeños, uno de ellos también invidente (un notario en Mataró dio fe del compromiso del banco).
Salimos a la calle al grito de «¡Sí se Puede!», contentos de haber contribuido a parar una injusticia. Afuera nos esperaban amigos y compañeros.

He podido escuchar a los trabajadores de la “Caixa” hablando de ellos como si del lobo se tratase: «Cualquier día de estos vienen los iaioflautas…»

De mayor quiero ser Iaioflauta.

Imágenes que tomé durante la ocupación:

 

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